La novia y su vestido

Era un día especial, todos lo sabíamos, no veíamos la hora en que saldría por aquella puerta..¡La más reluciente!, se hizo esperar.

No era una ceremonia común, ella salió desfilando como quien se sabe especial dentro de ese vestido, sonreía nerviosa, demasiada atención, pero ella se sentía bonita, se sentía princesa y nada más importó, luego de saludar a todos los presentes y dejarse admirar según lo que establece el protocolo nupcial recitó con convicción lo siguiente:

Hoy es sin duda uno de los días más especiales en toda mi vida, desearía poder congelar este instante por un minuto y poder observar todos los detalles para nunca olvidar este momento lleno de tanta felicidad, hoy mientras me puse este hermoso vestido de novia, emocionada recuerdo todos los momentos inolvidables a su lado y mientras las lágrimas salían sin que yo pudiera contenerlas tuve la certeza de que en este mundo no existiría otra persona mejor para mí que él, quisiera decirle…¡gracias por hacerme la mujer más feliz del mundo!, el día de hoy… yo me entrego a él, lo elijo sabiendo que nuestro destino era caminar juntos de la mano en esta aventura que llaman vida e incluso más allá, el día de hoy, yo confieso que me faltan palabras para agradecer a Dios por brindarme la bendición de haberlo conocido y aunque haya sido el mismo quien me lo haya quitado justo antes de dar este paso, yo quise que mi amado, el gran amor de mi vida, supiera que envejeceré a la distancia junto a él y tal como se lo prometí el día de la pedida de mi mano, seré la compañera fiel, la amiga incondicional, la amante y cómplice eterna. Todo lo que soy y todo lo que tengo es para él desde este momento hasta la eternidad, será mi todo, mi prioridad y motivación en el recorrido de mi vida.

Mientras seguía brindando el discurso, una sola lagrima se asomaba y empezaba a rodar por su mejilla, era la impotencia de no sentir físicamente la mano de su ser amado, solo fue una lágrima, una sola, porque ella decidió que viviría para él y sería su eterna novia hasta el día en que se volvieran a reunir, porque lo que Dios ata en el cielo, ni la tierra ni la muerte pueden separar, se supo feliz después de todo.

Y ¿Cómo no podía serlo? si amaba a ese hombre con todo su ser, era su noche, era uno de los mejores días de su vida y aunque el novio no pudo llegar a estar presente, ella tenía aquel vestido, ese que compró con tanto amor para que él lo viera, ese que guardaba en cada perla en cada encaje, un te quiero, un amor no contenido ni en tiempo ni en espacio, ese aquel era …un amor presente,.. ¡un amor vivo!, era aquel vestido que la hacía sentirse aún más cerca, era ese vestido que la sabia princesa como siempre la vio él.

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