Los cínicos del amor

Él no me mira a los ojos, sé que miente, yo no hago intento alguno por retener su atención y consigo justo lo contrario, ¡bingo!

Se sienta frente al ordenador y se hace el importante, me hace saber con aire autosuficiente que ha vivido y se enorgullece.

Conozco el juego, me seguirá ignorando, yo no puedo mostrar la inquietud ante sus actitudes, no puedo hacerle saber que me tiene en sus manos, continúa el juego.

A él le gusta el reto de saber que estamos al mismo nivel, a mí lo misterioso de su actuar me enciende las hormonas, que empiece la danza del flirteo, prosigo mostrándome segura, eso le resulta sexy.

Una que otra vez me lanza indirectas como quien intenta probar mi interés, también hago lo mismo y entendemos que de eso hay mucho y viene de ambas partes.

Este juego durará lo que tenga que durar, más de un día, más de una noche, un mes, un año, quizá dos, quizá la eternidad entera, total,  tenemos todo el tiempo del mundo para jugar el juego del amor…

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8 comentarios en “Los cínicos del amor

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